viernes, 20 de junio de 2008

La fotografía en los tiempos del Photoshop


Solía ser que una fotografía era considerada evidencia irrefutable. Con los avances de la tecnología, sin embargo, su realidad puede ser alterada fácilmente.


La manipulación de fotografías no es nada nuevo: a inicios del siglo pasado las primas Elsie Wright y Frances Griffiths engañaron a media Inglaterra, en especial a Sir Arthur Conan Doyle, al mostrar fotografías en donde las niñas eran acompañadas por pequeñas hadas. Tuvo que pasar más de medio siglo para que Elsie Wright aceptara que, pese a que juraba que en realidad habían visto hadas, cuatro de las cinco fotografías habían sido creadas utilizando ilustraciones recortadas sostenidas con alfileres. Ambas mujeres sostuvieron hasta su muerte, sin embargo, que la quinta fotografía era real.

No obstante, hasta la llegada de la era digital existía cierta legitimidad en la fotografía, una calidad de prueba irrefutable que ha comenzado a tambalearse. Por mencionar un ejemplo modesto, a finales de los ochenta la revista Club Nintendo solía invitar a sus lectores a enviar las mejores puntuaciones logradas en sus videojuegos tomando una fotografía a la pantalla, como prueba fehaciente de que los logros eran reales. Con los avances de la tecnología, una fotografía sería inadmisible actualmente, dada la facilidad con la se podría falsear la información.

En términos generales, la fotografía todavía mantiene una carga de credibilidad: la vasta mayoría de las personas espera que las imágenes que se les presentan sean un retrato de la realidad. En el caso del periodismo, a menudo resulta el ancla que solidifica toda la pieza, pues permanece una percepción de honestidad en la fotografía. Desafortunadamente, no falta quien explote los últimos remanentes de credibilidad de la fotografía para sus propios fines.

A finales de marzo del 2008 se suscitaron enfrentamientos violentos entre manifestantes tibetanos y autoridades chinas, iniciados por supuestos actos de violencia por parte de los tibetanos. Testigos pudieron identificar que el provocador era un oficial de policía disfrazado como manifestante, que blandiendo un cuchillo animaba a los protestantes a actuar violentamente. Las primeras imágenes mostraban claramente al agitador, y gracias a éstas el hombre pudo ser reconocido como un policía; sin embargo, páginas de internet y diario afines al régimen comenzaron a mostrar la misma imagen, pero ahora con el individuo eliminado digitalmente.

De ordinario, las manipulaciones de imágenes se limitaban al entorno de la broma práctica, pero existe una creciente tendencia a falsear la realidad aprovechando la confianza que la gente deposita en la fotografía. El caso del gobierno chino es preocupante, pero es común encontrarlo, aunque de manera más sutil, a nuestro alrededor, para hacer la realidad más atractiva de lo que en realidad es. La compañía Dove lanzó una campaña que mostraba el estándar irreal que agencias de publicidad imponen a consumidores: un nivel de belleza que va más allá de cualquier maquillaje o crema, y que de hecho requiere de una reconstrucción total de los rasgos físicos.


El llamado arte de la fotografía solía encontrar su valor en capturar la belleza o cualidad inherente del sujeto retratado: al tener una de las grandes fotografías de antaño frente a si, el espectador podía sentirse sobrecogido al encontrarse partícipe de un momento quizá previo a su propio nacimiento, o al otro lado del mundo. Quienes se dedican a la fotografía por hobby o profesión, sin duda aspiran a este honesto ideal: el de que su habilidad y técnica se manifieste en un retrato sincero del objeto. Sin embargo, la ficción ha comenzado a adentrarse más y más en este medio previamente documental. Gracias a programas como Adobe Photoshop o GIMP es posible manipular lo capturado para que el resultado final muestre una visión específica. Se trata de toda una nueva rama artística: tomar una imagen normal y agregarle creatividad para lograr un producto distinto. Existen comunidades enteras dedicadas a la manipulación fotográfica, la más notoria siendo Worth 1000.

La llegada de la manipulación creativa de imágenes no es algo que deba mirarse con malos ojos: se trata de una vía que permite a los artistas capturar la imaginación al mostrar "la realidad" transformada de mil maneras posibles. Es posible que marque, sin embargo, la necesidad de alterar la actitud de la gente hacia la fotografía. Pese a que existen métodos hasta el momento infalibles para determinar si una imagen fue tratada con Photoshop (utilizando complejos algoritmos), el ojo desnudo es fácilmente engañable. La cualidad de evidencia de la que gozó la fotografía desde su creación y que se da por sentado comienza a adoptar tonalidades de gris.

¿Se debe desacreditar de una vez el valor de la fotografía como medio de capturar el mundo que nos rodea? No, en lo absoluto. Se seguirá dependiendo de la imagen para ilustrar, demostrar y ejemplificar por muchos años más. Después de todo, una imagen vale más de mil palabras. Sin embargo, en este siglo XXI conviene adoptar una actitud más crítica e inquisitiva, no dar la realidad mostrada en las imágenes como algo por sentado. Conviene ir pensando que quizá una fracción de esas mil palabras puede no ser tan honesta después de todo.