sábado, 29 de diciembre de 2007

CIVILIZACION, ES UN DISEÑO DE LA MUJER


El hombre es un vagabundo, un nómada. Toda la vida familiar es creada por las mujeres, no por los hombres. De hecho, la civilización existe por la mujer, no por el hombre. Si se lo permitieran, él sería nómada: sin hogar, sin civilización. El hombre va hacia fuera, la mujer hacia dentro; el hombre es extravertido, la mujer introvertida. El hombre siempre está interesado en cualquier otra cosa que no sea él mismo, por eso tiene un aspecto más saludable. Porque cuando estás demasiado preocupado contigo mismo, te pones enfermo. El hombre tiene un aspecto más feliz.
Te darás cuenta de que las mujeres siempre están tristes y demasiado preocupadas por ellas mismas. Un pequeño dolor de cabeza se convierte en algo enorme, desproporcionado. Sin embargo, un hombre puede olvidarse del dolor de cabeza, él tiene muchos otros dolores de cabeza. Él origina tantos dolores de cabeza a su alrededor que no hay ninguna posibilidad de llegar a su propio dolor de cabeza y hacer algo al respecto. La mujer siempre está preocupada –siempre le ocurre algo en la pierna, o en la mano, o en la espalda, o en el estómago, siempre hay algo-, porque su propia consciencia está enfocada hacia dentro. El hombre es menos patológico, más sano, más hacia fuera, más preocupado por lo que le ocurre a los demás.
Por eso es por lo que, en todas las religiones, verás que cuatro de cada cinco personas son mujeres, solo una es hombre. Y lo más seguro es que ese hombre haya venido por alguna mujer: su esposa iba al templo y él ha tenido que acompañarla. O bien, ella iba a una conferencia de religión, y él ha tenido que acompañarla. En todas las iglesias esa será la proporción, en todas las iglesias, templos, dondequiera que vayas. Incluso en el caso de Buda, de Mahavira, siempre la misma proporción. Con Buda había cincuenta mil sannyasins, cuarenta mil eran mujeres y diez mil hombres. ¿Por qué?
El hombre es más sano físicamente, y la mujer es más sana espiritualmente, porque sus inquietudes son diferentes. Cuando te preocupas por los demás puedes olvidarte de tu cuerpo, puedes ser físicamente más sano, pero no puedes crecer tan fácilmente en lo religioso. El crecimiento religioso necesita una inquietud interior. La mujer puede crecer muy, muy fácilmente en la religión, ese es un camino fácil para ella, pero le resulta muy difícil crecer en la política. Y para el hombre crecer en la religión es difícil. La introversión tiene unos beneficios y la extraversión otros; y ambas cosas tienen sus peligros.

Feliz año les deseo a todos mis amigos pasados, presentes y los que vendran. Sinceramente Abel.